De ser aprobada la normativa permitiría a los pequeños propietarios obtener ingresos a través de los subproductos del manejo del bosque. La biomasa podría, además, servir incluso para generar energía.
Y la expectación continúa. Industriales de la madera, pequeños y medianos productores, ecologistas e incluso los mismos parlamentarios, que ya se ponían rojos de vergüenza cuando algún periodista les preguntaba por el destino de la famosa ley del bosque nativo, siguen a la espera. Porque parece que la ley de bosque nativo, que desde hace catorce años no ha logrado ser aprobada, eventualmente podría salir este mes.
Al menos una versión corta sobre los temas en que hubo acuerdo y que hasta la semana pasada estaba entrampada en el Ministerio de Hacienda. Quienes han seguido la pista al proyecto saben que la promulgación de la ley, unida a los subsidios que entregará, es la única manera de que el sector forestal chileno de menor escala termine con la tala indiscriminada de especies nativas para leña y carbón, y por fin dé el salto al desarrollo sustentable.
Hoy sólo el 2% del total de la madera que llega a la industria forestal proviene del bosque nativo.
El problema, según Aldo Cerda, de la Fundación Chile, viene de mucho más atrás, de aquellos años en que la industria forestal usó como fuente de abastecimiento esos árboles endémicos, para luego sustituirlos por especies de más rápido crecimiento. Lo que quedó finalmente en los lugares con acceso fue un bosque nativo bastante deteriorado.
Hoy el conflicto no está en las grandes empresas, que, si bien cuentan con un pequeño porcentaje de bosque nativo (3% del total nacional), en general no los explotan, pues lo tienen como "área de protección".
La complejidad está en los pequeños y medianos propietarios, aquellos que tienen entre 200 y mil hectáreas. En la práctica muchos operan en la clandestinidad sacando los mejores árboles para venderlos, usualmente como leña y obteniendo, a lo sumo, US$ 75 por hectárea anualmente. El resultado es que no obtienen un real beneficio económico de la madera ni de la tierra, y que el bosque es depredado sin piedad.
De ser aprobada la nueva ley, podría subsanar ambas situaciones y tener efectos sociales y económicos importantes.
Lo fundamental del proyecto es que fomenta el manejo del bosque nativo a través de un fondo concursable que se otorgará sólo una vez por superficie y será de hasta 10 UTM por hectárea para actividades que faciliten la regeneración natural, y de 6 y 5 UTM en el caso de actividades de raleo, cercado, limpieza y aquellas que favorezcan la regeneración o recuperación de formaciones xerófilas de valor ecológico. Precisamente este tema de recursos es el que lo tiene ahora detenido en Hacienda.
Los beneficiados directamente serán los pequeños y medianos propietarios, que, gracias al subsidio, podrán manejar de mejor manera su patrimonio. Cercar para evitar que entren los animales, sacar los árboles enfermos e ir abriendo el bosque para que los renovales se desarrollen (al contrario del usual floreo que saca lo mejor, dejando que sean las especies en peores condiciones las que se reproduzcan). De este modo, en el bosque irán quedando los especímenes de mejor calidad. Y todo eso redundará en el mercado forestal, ya que con un marco legal conocido, los inversionistas se sentirán motivados.
Al mismo tiempo, lo que se extraiga con un adecuado plan de manejo tendrá un mayor valor que la leña y carbón actuales y se podrá encontrar en el mercado madera como el roble, raulí, lenga, coihue, y otras menos comunes como el lingue, mañío y laurel, entre otros, trabajada en forma legal y que retorna a sus propietarios mucho más dinero que lo que obtienen hoy. Entonces, para ellos esa tierra y esos árboles que hoy prácticamente no valen nada, comenzará a valorizarse y les convendrá cuidarla.
En consecuencia, habrá más empleo rural, ya que, al contrario de las plantaciones donde se usan maquinarias, en el bosque nativo la intervención es selectiva y deben hacerla personas.
¿Será verdad?
Pero si bien los ánimos están buenos, hay un temor: el que la ley se convierta en letra muerta. El hecho de que los pequeños y medianos productores concursen para conseguir las bonificaciones, complica el asunto. Por eso se requiere de capacitación.
Patricio Emanuelli, ingeniero forestal asesor de GTZ, considera que para evitar problemas será necesario incluir la comercialización de los productos provenientes del manejo, ya que, de lo contrario, sólo servirá a grandes propietarios que poseen los recursos financieros, profesionales y logísticos para acceder a ella.
En definitiva, donde recaería el mayor aporte de la ley sería en la imagen país.
"Chile tiene imagen de que sabe forestar. Sin embargo, el episodio del río Cruces y el caso de los alerces fueron super negativos. Por eso debemos preocuparnos de cerrar brechas en el sector forestal. La idea es que nadie perciba que Chile es un país sin ley", dice Aldo Cerda.
Y por eso ahora están todos, incluso los menos involucrados, esperando anhelantes que al menos la ley corta sea aprobada.
Solución energética
El bosque nativo podría tener un gran potencial como generador de energía a partir de biomasa, según el gerente de Corma, Juan Eduardo Correa.
Hoy el bosque nativo proporciona cerca de 15 millones de metros cúbicos de energía en calefacción y cocina.
"Todos los desechos que se saquen para mejorar el bosque podrán ser utilizados para producir energía. Lo cual es más barato y menos contaminante. Según algunos estudios, el 13% del consumo nacional de energía se podría abastecer así", dice.
Actualmente la empresa Energía Verde, creada por AES Gener, tiene tres plantas de ese tipo. Con una capacidad total de 42 MW proveen de energía y vapor a la industria de aserraderos y papelera, y los excedentes los envían al Sistema Interconectado Central.
Si se utilizara el total del crecimiento natural de los bosques se podría disponer de 16 millones de toneladas al año.
Fuente: Revista del Campo _________________ Compartir lo que sabemos para entre todos ser y saber más
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